sábado, 1 de septiembre de 2007

DISCURSO 08 DE MAYO DE 2007 - 21 ANIVERSARIO DEL MUNICIPIO

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL SR. FRANCISCO CHIRINOS. PRIMER ALCALDE DEL MUNICIPIO ITURRIZA EN LA PLAZA MONSEÑOR ITURRIZA, CON MOTIVO DEL 21 ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DEL MUNICIPIO.
Hoy se le hace un gran honor a mi persona al invitarme a esta tribuna donde humildemente pronunciaré algunas palabras que formaran mi discurso de orden en este importante acto.
Hoy, justamente se cumplen veintiún años del decreto de Autonomía Municipal de fecha 8 de mayo de 1.986. Me cupo el honor de ser el primer Alcalde del recién instalado Municipio. Fue el 3 de diciembre de 1989 cuando se realizaron las elecciones de Alcaldes y Concejales, luego hubo que esperar a que se dictara por parte de la Asamblea Legislativa la Ley Político Territorial del estado Falcón.
Así que en ese año de 1.989 salí electo como Alcalde de este Municipio y como concejales fueron electos los ciudadanos Stalín Riera, Tulio Lovera, Aníbal Cumare, Israel Lamus y Enrique Quevedo.
La primera Sesión de Cámara se efectuó el 3 de enero de 1.990 en la sede de la Alcaldía que funcionaba en la calle Páez, hoy ocupada por el Concejo Municipal.
Fueron días difíciles para manejar un organismo donde todos éramos debutantes; sin embargo con una gran solidaridad y entusiasmo logramos todos, no sin tropiezos, surgir y poner en buen camino este cuerpo que hoy cumple sus primeros veintiún años.
Yo quiero felicitar a los integrantes que hoy hacen quórum en este recinto y admirar muy de veras el empeño que están poniendo en llevar y mantener la buena marcha del mismo y les auguro un futuro promisorio que es el futuro también de nuestro querido municipio.
Me referiré al nombre escogido por nuestra Asamblea Legislativa para distinguirlo, y no podía ser otro mejor que el nombre de Monseñor Iturriza, persona ésta que dio la vida y su amor por este pueblo falconiano y que tantos haberes brindó desinteresadamente, desde el Banco de Fomento Coro hasta la erección de iglesias y hospicios hasta el Museo Diocesano, único en su clase en toda Venezuela.
Mi pueblo Chichiriviche, asomado al mar desde la llegada de los primeros navegantes españoles, fue testigo de aquel primer encuentro armado en el año de 1599, cuando Alonso de Ojeda pretendió tomar tierra y donde nuestra etnia Caribe le cerró el paso y aniquiló a los intrusos, cuyo hecho se registró en la historia como el sitio de Puerto Flechado.
Por aquí veremos llegar a los primeros conquistadores tratando de adentrarse al interior de nuestra tierra y tomando como guía el curso de nuestro Río Tocuyo.
Más tarde, en 1826 veremos a Bolívar tomar un barco rumbo a Puerto Cabello, para reclamar a Páez el intento de separar a la Provincia de Venezuela de la Gran Colombia.
También por aquí pasaron las tropas de la Federación y de la Reivindicación tratando de establecer nuevos sistemas de gobierno. Así, poco a poco, llegaremos a ver establecido nuestro pueblo con una gran paz, con sus pescadores, sus cargadores de agua, sus sembradíos de coco y sus marineros intercambiando cargas de diversos productos con los puertos de Puerto Cabello y la Guaira. Desde aquí, por las condiciones de buen puerto, donde barcos de gran calado pueden maniobrar, se sacaran los productos de los pueblos aledaños, especialmente maderas, carbón, leña y sal, que tenían gran aceptación en otras plazas.
La buena situación geográfica pone a Chichiriviche en medio de la ruta costera, aquí casi obligatoriamente los barcos de cabotaje recalaran para adobar sus barcos, pasar la noche, para luego proseguir camino al día siguiente, tomar su ración de agua dulce de La Peñita y no faltará, algún patrón de barco, que con el pretexto de pernoctar su barco aprovechará de visitar a determinada muchacha a quien en anteriores ocasiones le haya puesto el ojo.
Aquí viviremos todos un gran problema, que era la falta de abundante agua dulce para beber. Muchas personas con sus pequeñas canoas y almacenada en barriles, traían desde las fuentes de La Peñita y La Morita el precioso líquido que vendían a orilla de playa, una lata por medio real.
La gente forma los rebaños de ganado mayor y menor y le suministrará agua del sub-suelo, mediante jagüeyes que se hacían en Los Guamachos, frente a la antigua escuela (hoy Polita D`Lima) y en La Chivera (frente a la antigua Fábrica de Cementos). Aquello constituía un espectáculo mañanero, donde los muchachos iban con sus jarras a comprar la leche recién ordeñada para el sustento de la casa.
Largo tiempo pasará esta costa, escasamente habitada, contemplando los botes pescadores que cada día van y vienen, amén de algún barco de lejanos puertos nos traerá noticias novedosas.
Tierra adentro, a escasas leguas, a la margen del Río Tocuyo, estará la población de San Miguel que es sitio obligado de los viajeros que se aventuran por los caminos. Llegaran algunos a Chichiriviche para tomar algún barco que le transporte a otro puerto y así ahorrar tiempo en su viaje.
Para finales del siglo 1.826, veremos aquí al Libertador Simón Bolívar, tomando un barco que lo conducirá a Puerto Cabello, irá a conferenciar con el General Páez, pues pretendía en ese momento separar la Provincia de Venezuela de la Gran Colombia.
Ahora con el recuerdo de muchos de nosotros, veremos los grupos de personas dedicados a cada actividad. Así habrá personas dedicadas al corte de maderas para la construcción y cercas de huertas, para la elaboración del carbón y el encendido de los hornos de cal.
Los pescadores con sus botes de vela, que en “tiempo de lisa”, se arranchaban en Cayo de los muertos a esperar calar los grandes cardúmenes que por aquí pasaban.
A las gentes de acá se les sumaban muchas otras venidas de tierras corianas. Nobles gentes que desde Paraguaná hasta Cabudare, vendrán como labradores a ayudarnos a establecer el cultivo de coco, que por muchos años fue y sigue siendo el principal producto agrícola de la región.Cuentan que uno de las primeras preocupaciones de nuestros habitantes fue tener sitio donde rendirle su fe a Dios y donde enterrar sus muertos. Así desde mediados del siglo XIX (19) hasta sus finales se comienza la construcción de la Iglesia y el cementerio, pues hasta entonces, los muertos eran enterrados en el Cayo de los Muertos (por eso le dieron ese nombre). Hicieron esto porque consideraban un sitio tranquilo y apartado y protegido por las aguas que no permitía que el diablo llegara allá a molestar las ánimas de los difuntos, pues esta criatura por tenerle gran temor al agua no llegaría allí a importunar a los difuntos.
Eran épocas en que los espantos trajinaban por estas tierras, así nos han contado de las noches en que La Llorona, las Rezanderas, El Carretón, nos trasnochaban el sueño y uno de los más populares que aún deambula por nuestras sabanas es “El Farolúo”, que llegó al extremo de hacerle perder la razón de por vida a un tocuyano que sorprendió en la madrugada cuando pescaba en las salinas.
Lamentablemente la imposición de la luz eléctrica, los motores fuera de borda, la televisión y la radio han acabado con estas tradiciones.
Ya no tenemos las regatas a vela que se celebraban el día de San Juan, donde cada quien se esmeraba en preparar su embarcación para la competencia y donde con gran alborozo se celebraban las victorias.
Los velorios de la Santa Cruz, donde venían Los Salveros de otros pueblos a rendirle homenaje a la santa…. Así mismo recordamos los grandes velorios de la Virgen del Valle celebrados por la colonia de margariteños y orientales en casa de don Patricio marjal, donde se dejaba oír el canto sentido de las décimas, las fulias, las malagueñas, las salves, los polos y el rosario que se hacía entre todos los asistentes.
No había navidad sin los pesebres en cada casa, imitando el nacimiento de Cristo, que se hacían en la mayor parte de las casas con yerbas y saladillo traído de la sabana, con sus varitas de tuzas y muñecas de trapo y paticos hechos de algodón que nadaban en las lagunas de trozos de espejos.Las casitas de cartón con sus calles hechas con blanca arena de los cayos y los pájaros colgados con hilos, volando sobre montañas de papel teñido. Los parranderos recorrían el pueblo cantando aguinaldos acompañados de cuatro y tambora.
Como estas bellas estampas recordemos otras de nuestro apacible pueblo. El aserradero de Don Pedro García, montado en una parihuela y con una gran sierra se sacaban tablas de las piezas de madera que se traían de la montaña. Nunca faltaba un barco recostado en algún lugar de la playa haciéndole mantenimiento en manos de algún carpintero de ribera, recordamos algunos nombres de éstos: Juan Hernández, Quintín González, Rafael Chirinos, ya todos desaparecidos.
En la década de 1.920 a 1.930 fuimos testigos de las primeras explotaciones petroleras que se hacían en el país. En el Mene de la Costa, surgieron yacimientos de petróleo. Algunas empresas petroleras establecidas se dispusieron a explotar, entre ellas recordamos la Norte Venezuela. El sitio escogido como puerto de salida del oleoducto fue Chichiriviche. El día 22 de diciembre de 1.922 esta empresa celebró contrato de arrendamiento con los Hermanos Rivero de la “Casa Grande” como la llamábamos en esa época, para montar allá sus oficinas, fungía como representante de la compañía el señor Martín S. Thomas.
Se construyó un flamante muelle al fondo del puerto (donde estuvo también Cementos Coro). Se construyeron grandes depósitos metálicos para almacenar el crudo que venía desde los yacimientos de Mene, por un oleoducto. Una línea férrea enlazaba yacimientos y puerto donde circulaba una locomotora para movilizar carga y personal, además de algún pasajero ocasional. Grandes barcos banqueros recogían el crudo almacenado y lo transportaban al exterior, especialmente a la refinería que estaba instalada en Curazao.
Se estableció un aeropuerto en las afueras del pueblo. Cada llegada del avión constituía un espectáculo donde inclusive gente de los pueblos vecinos acudían para ver y admirar las operaciones de aterrizaje y despegue.
Entre tantas cosas novedosas que nos trajo la actividad petrolera, la principal fueron los altos salarios que recibían los trabajadores. La gente dejó los sembradíos y rebaños atraídos por las jugosas pagas y se prestan a incorporarse a esta nueva actividad.
Pasado algunos años las empresas anuncian su retiro, al parecer el producto hallado no tenía la calidad que ellos aspiraban. Las empresas al retirarse lo hacen con todas sus instalaciones y hasta el último tornillo lo guardan en el equipaje. Todas las ilusiones que produjeron los altos salarios se desvanecen y la gente vuelve a empuñar su machete o su escardilla para volver al campo.
En el año de 1.939, bajo el régimen del gobierno del General Eleazar López Contreras, Chichiriviche recibe el más anhelado regalo que podía aspirar, se establece el primer acueducto de la población: mediante tuberías se trae agua potable de la fuente de La Peñita. El mismo día que llega el agua, muere Don Pedro Bazó, quien siempre pregonó que “primero se moriría antes de llegar el agua a Chichiriviche”. En la década 1950-1960, se establece comunicación terrestre con la red de carreteras nacionales, luego se establece la Fábrica de Cementos Coro. Aquí volvemos a la economía industrial, pero ya por experiencia no descuidamos nuestros sembradíos que hoy día es la principal fuente de producción agrícola con que cuenta la Región Oriental.
Como vemos así a grandes zancadas hemos recorrido cinco siglos de historias y leyendas, de tradiciones y costumbres. Cosas estas que poco se han contado y que indolentemente van cayendo en el olvido. Nosotros tenemos el deber y la obligación de rescatar del olvido todas estas bellas cosas de nuestro pasado. A los jóvenes, especialmente, se les plantea este reto. Recordemos que si no sabemos de donde venimos mal podemos orientarnos para seguir adelante.
No olvidemos que la mano de Dios fue pródiga con nosotros al darnos todas las bellezas naturales del mundo en tan reducido espacio, motivo este (casi inadvertido por nosotros) de que hayamos pasado ser el corazón del turismo nacional e internacional (si se quiere).
Nuestra privilegiada posición en la costa venezolana sigue siendo un factor muy importante. Nuestra bahía, nuestras playas, nuestros cayos, el Cerro de Chichiriviche, con sus históricos e interesantes parajes y sus verdes manglares con sus caños y laberintos… Todo, todo esto lo tenemos servido en bandeja de plata; sólo falta de decisión nuestra para construir el gran futuro que tanto anhelamos.
Prestémonos pues, sin demora, a tomar conciencia de todas estas grandes ventajas que hemos heredado de Dios y de nuestros antepasados y no desmayemos en estructurar condiciones estables en lo económico, político, social y cultural.
Vamos pues, todos, como uno sólo, a defender y a conquistar el brillante futuro de esta tierra querida y hermosa.

Señores
Chichiriviche: 8 de mayo de 2007.